"Era una noche sin luna cuando el barranco empezó a gemir, y entre los riscos se escuchó un llanto que heló la sangre hasta a los más valientes."
Introducción
En las brumas del tiempo, donde la memoria se confunde con el misterio, yace una de las leyendas más inquietantes de La Gomera: la del Barranco de La Fajana. Este profundo tajo en la tierra, tallado por siglos de erosión y vientos alisios, guarda un eco que perturba a quienes se aventuran cerca al caer la noche. Es el lamento de La Llorona, un espíritu atormentado cuya historia se ha transmitido en susurros entre generaciones, tejiendo un relato de amor, traición y una maldición que persiste más allá de la muerte.
La tradición oral canaria, rica en mitos y leyendas, encuentra en este relato una conexión profunda con el paisaje agreste de las islas. El Barranco de La Fajana, con sus paredes verticales y sombras alargadas, se convierte en el escenario perfecto para una tragedia que desafía el paso del tiempo.
Nudo
"Era una noche sin luna cuando el barranco empezó a gemir, y entre los riscos se escuchó un llanto que heló la sangre hasta a los más valientes."
Cuentan los ancianos de Hermigua que, hace siglos, una joven llamada María vivía en una aldea cercana al barranco. De belleza etérea y corazón puro, estaba prometida a un pescador de Vallehermoso, pero su destino cambió cuando un forastero llegó a la isla. Este hombre, de mirada intensa y palabras seductoras, la enamoró con promesas de aventuras más allá del mar. María, ciega de pasión, abandonó a su prometido la víspera de su boda.
Sin embargo, el forastero no era quien decía ser. Al descubrir que solo buscaba fortuna, María lo enfrentó en lo alto del Barranco de La Fajana. En un arrebato de ira, él la empujó al vacío. Su cuerpo nunca fue encontrado, pero esa misma noche, los lugareños juraron haber visto una figura vestida de blanco vagando por el barranco, sollozando con un dolor que traspasaba la oscuridad.
Desde entonces, cuando la bruma desciende sobre el barranco, se escucha su llanto desgarrador. Algunos dicen que busca a sus hijos perdidos (aunque nunca se supo que los tuviera); otros, que clama venganza. Lo cierto es que quienes han intentado acercarse al sonido desaparecen sin rastro, como si el barranco los hubiera tragado.
Desenlace
La leyenda de La Llorona del Barranco de La Fajana sigue viva en la cultura gomera. Los pastores evitan el lugar al anochecer, y en las noches de luna nueva, aún se colocan pequeñas cruces de madera en los riscos para ahuyentar al espíritu. Algunos antropólogos sugieren que el relato podría tener raíces en antiguos rituales aborígenes, donde los barrancos eran considerados puertas al inframundo.
Pero más allá de explicaciones racionales, el miedo persiste. Porque en los silencios entre el viento, cuando las sombras se alargan y el eco repite un nombre, algo en el instinto advierte: no hay que responder al lamento. Así, María sigue vagando, atrapada entre este mundo y el otro, recordándonos que algunas traiciones no se perdonan... ni en la muerte.
Hoy, el barranco sigue ahí, imponente y silencioso, guardando su secreto. Y tal vez, si prestas demasiada atención en la oscuridad, escuches el susurro final de la leyenda: "Nunca corras tras una voz en la noche... porque podría no ser humana."

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