El tesoro del Roque de los Muchachos – Joyas escondidas en La Palma.

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Introducción

En las brumas del tiempo, donde la leyenda se funde con la realidad, se alza el majestuoso Roque de los Muchachos, un guardián silencioso de los secretos vientos de La Palma. Entre sus riscos escarpados y bosques de laurisilva, se esconde una historia que ha cautivado a generaciones: el tesoro perdido de los antiguos guanches, un botín de joyas y oro maldito que muchos han buscado, pero pocos han vivido para contar. Esta es la leyenda de las joyas escondidas, un relato tejido con hilos de misterio, codicia y el espíritu inquieto de quienes osaron profanar lo sagrado.

Nudo

Cuentan los ancianos que, en los días previos a la conquista castellana, los guanches de Benahoare —nombre aborigen de La Palma— ocultaron sus riquezas en las entrañas del Roque para evitar que cayeran en manos extranjeras. Entre ellas destacaba el Collar de la Luz, una pieza sagrada forjada con piedras volcánicas que brillaban como estrellas, capaz de guiar a su portador hacia la voluntad de los dioses. Pero el tesoro no estaba desprotegido: los faycanes, sacerdotes de la antigua religión, invocaron una maldición sobre quien lo encontrara sin pureza de corazón.

Siglos después, en las noches de luna llena, los pastores juran haber visto sombras aladas rondando los riscos, y algunos aventureros —como el temerario Diego de Acosta en el siglo XVIII— desaparecieron sin rastro tras jurar haber encontrado "una grieta que respiraba oro". El más célebre de estos casos fue el de María la Triste, una joven que en 1890 aseguró haber escuchado cantos en una lengua olvidada cerca de la Cueva del Llanto. Cuando regresó al pueblo, sus ojos habían perdido el color y balbuceaba sobre "un fuego que no quema". Murió tres días después, con las manos aferradas a un pedazo de obsidiana tallada con runas desconocidas.

En la década de 1920, un grupo de arqueólogos alemanes intentó escalar el lado norte del Roque, equipados con mapas basados en supuestos manuscritos coloniales. Solo uno sobrevivió para contar cómo, tras hallar una cámara subterránea, sus compañeros enloquecieron al ver "figuras de piedra con ojos de plata". El superviviente, Ernst Vogel, pasó sus últimos años en un manicomio de Tenerife, dibujando una y otra vez una espiral que, según él, "giraba bajo la piel de la montaña".

Desenlace

Hoy, el Roque de los Muchachos sigue siendo un lugar de peregrinación para curiosos y estudiosos de lo oculto. Aunque el Observatorio Astrofísico que corona su cima parece haber domesticado su aura salvaje, los guardabosques aún relatan sucesos inexplicables: luces que se mueven contra el viento, herramientas que desaparecen y, en raras ocasiones, el eco de un timplillo (flauta aborigen) en zonas donde ningún ser humano podría escalar.

¿Existe realmente el tesoro? Los más escépticos atribuyen las historias al efecto de las alturas y la oscuridad de los bosques. Pero los que conocen los secretos de la isla susurran que el collar y las joyas siguen allí, custodiados por algo más antiguo que los guanches: un espíritu vinculado al fuego del Teide, que prueba el alma de quienes buscan riquezas. Tal vez, como dice el refrán palmero: "No es el oro lo que reluce, sino lo que queda en quien lo mira".

Mientras la niebla abraza cada amanecer las cumbres, el Roque mantiene su misterio. Y en los pueblos cercanos, todavía se encienden velas a Achamán, el dios guanche del cielo, por aquellos cuyos nombres el viento se llevó... pero cuyos pasos aún resuenan en las piedras.

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