La Luz de la Montaña de Arico – Fuego fatuo en Tenerife.

"Cuando la noche cubre Arico, una luz danza en la montaña… pero no es para los vivos."

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Introducción

En las brumas del tiempo, donde la realidad se entrelaza con el misterio, las Islas Canarias guardan relatos que desafían la lógica. Entre ellos, destaca la enigmática leyenda de La Luz de la Montaña de Arico, un fenómeno que ha atormentado y fascinado a los habitantes de Tenerife durante siglos. Esta aparición, descrita como un fuego fatuo, flota sobre las laderas áridas del sur de la isla, desafiando a quienes osan buscarla. ¿Es acaso el espíritu de un alma en pena, una maldición ancestral o simplemente un engaño de la oscuridad? La respuesta yace en las sombras de la tradición oral.

Nudo

"Cuando la noche cubre Arico, una luz danza en la montaña… pero no es para los vivos."

Cuentan los ancianos que, hace siglos, un joven pastor llamado Tomás desapareció sin rastro en las laderas de la montaña. Su familia lo buscó durante días, hasta que una noche, su madre vio una luz tenue flotando entre las rocas. Siguiéndola, creyendo que era su hijo, se adentró en lo más profundo del barranco. Nunca más se supo de ella. Desde entonces, la Luz de Arico aparece en las noches sin luna, arrastrando a los incautos hacia su destino.

Algunos dicen que es el espíritu de Tomás, condenado a vagar por no recibir sepultura. Otros murmuran que es una maldición lanzada por los guanches, los antiguos pobladores de la isla, para proteger sus tierras sagradas. Los más escépticos atribuyen el fenómeno a gases del subsuelo, pero incluso ellos evitan el lugar cuando cae la noche. Quienes han intentado acercarse describen una sensación de frío sobrenatural, como si algo —o alguien— los observara desde las sombras.

En una ocasión, un grupo de jóvenes desafió la leyenda y ascendió la montaña con antorchas. A mitad de camino, las llamas de sus teas se apagaron sin razón, sumiéndolos en una oscuridad absoluta. Entonces, vieron la luz: pequeña, titilante, como una estrella caída. Uno de ellos, Ignacio, corrió hacia ella, gritando que era una señal. Sus amigos lo persiguieron, pero al llegar al lugar, solo encontraron su sombrero… y un silencio que heló la sangre.

Desenlace

Con el paso de los años, la leyenda se ha arraigado en el folclore canario. Los lugareños evitan mencionar la luz en voz alta, por temor a atraer su atención. Se dice que en las noches de San Juan, cuando el velo entre mundos es más delgado, la luz se multiplica, formando un cortejo de llamas que serpentean hacia el cielo. Algunos afirman haber escuchado susurros en lengua guanche, palabras olvidadas que repiten un nombre: Tomás.

¿Es esta luz un recordatorio de los peligros que esconde la montaña? ¿O acaso una advertencia para no perturbar lo que yace bajo tierra? Lo único cierto es que, mientras la luna ilumine los riscos de Arico, la leyenda persistirá. Y aquellos que busquen respuestas en la oscuridad, quizá encuentren más de lo que esperaban… o nunca regresen para contarlo.

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