La danza de las ánimas en Tejeda – Sombras que bailan bajo la luna.

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Introducción

En las cumbres brumosas de Gran Canaria, donde los riscos se alzan como guardianes de un pasado olvidado, se esconde el pueblo de Tejeda. Entre sus callejones empedrados y bajo la luz plateada de la luna, los ancianos susurran una leyenda que estremece hasta al más valiente: La danza de las ánimas. Se dice que, en noches de luna llena, las sombras de los muertos regresan para bailar en un ritual eterno, atrapadas entre el mundo de los vivos y el reino del misterio.

Esta tradición oral, arraigada en la cultura canaria, mezcla el fervor religioso con el terror sobrenatural. Las ánimas benditas, almas en pena que no hallaron descanso, se manifiestan como siluetas espectrales moviéndose al compás de un canto que nadie oye. ¿Quiénes son estos espíritus? ¿Por qué su danza no cesa? La respuesta yace en un relato de amor, traición y una maldición que persiste más allá de la muerte.

Nudo

Hace siglos, en los días en que los conquistadores pisaban las islas, vivía en Tejeda una joven llamada Guayarmina, cuyo nombre significaba "luz de luna". Era hija de un guanarteme (rey aborigen) y estaba prometida a un guerrero de la tribu. Pero su corazón pertenecía a Arminda, una pastora de cabras que le enseñó los secretos de la tierra y las estrellas. Su amor era prohibido, un pecado a ojos de los ancianos de la aldea.

Una noche, mientras ambas se encontraban en el Roque Bentayga, lugar sagrado para los antiguos canarios, fueron descubiertas. El consejo de ancianos, cegado por la ira, las maldijo: "Sus almas no descansarán, y bailarán atadas a esta montaña hasta que el olvido las consuma". Esa misma madrugada, Guayarmina y Arminda desaparecieron sin rastro, pero desde entonces, en las noches de luna llena, sus figuras se proyectan sobre las piedras, danzando en un abrazo eterno.

Los pastores que han osado acercarse al Bentayga en esas noches juran haber escuchado suspiros entre el viento y visto sombras que se retuercen en movimientos imposibles. Algunos hablan de una música lejana, como el sonido de chácaras y tambores, mientras otros aseguran que el frío las penetra hasta los huesos, como si la oscuridad misma las observara. Quienes corren, dicen que las ánimas los persiguen, extendiendo brazos que no tienen fin.

Desenlace

Con el tiempo, la leyenda creció. No solo Guayarmina y Arminda aparecen en el Roque Bentayga, sino también otras ánimas en pena: guerreros caídos, niños perdidos y almas que nunca recibieron sepultura. La Iglesia intentó exorcisar el lugar, llamándolo "El Valle de las Sombras", pero ni las cruces ni las oraciones lograron silenciar la danza. Los habitantes de Tejeda, aunque temerosos, respetan el ritual. En vísperas del Día de los Difuntos, dejan ofrendas de miel y gofio en las laderas, esperando aplacar a los espíritus.

Hoy, los turistas visitan Tejeda buscando el misterio, pero pocos se atreven a subir al Bentayga cuando la luna está alta. Los guías advierten: "Si alguna vez ves las sombras bailar, no las llames, no las sigas. Porque si te responden, quizá te unas a su danza para siempre". La leyenda pervive, alimentada por el viento, las sombras y el eco de un amor que ni la muerte pudo borrar.

Así, entre el mito y la realidad, La danza de las ánimas sigue siendo un recordatorio de que, en Canarias, el pasado nunca está verdaderamente muerto. Solo duerme, esperando la luna correcta para despertar.

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