El pacto de los volcanes de Garafía – Brujos que dominan la lava.

📑 Aquí podrás encontrar 👇

Introducción

En las brumas del tiempo, donde la memoria se confunde con el misterio, yace una leyenda olvidada por muchos pero susurrada por los viejos de Garafía. Entre los riscos negros y las grietas humeantes de esta tierra volcánica, se cuenta que los brujos de antaño sellaron un pacto con las fuerzas primigenias de la tierra. Un acuerdo que les concedió el poder de dominar la lava, pero a un precio que aún hoy resuena en los ecos de las erupciones.

La isla de La Palma, conocida como la "Isla Bonita", guarda en sus entrañas secretos que desafían la razón. Aquí, donde los volcanes hablan en lenguas de fuego y las sombras albergan espíritus ancestrales, la leyenda del Pacto de los Volcanes persiste como un susurro en el viento, una advertencia grabada en piedra y ceniza.

Nudo

Cuentan los ancianos que, hace siglos, un grupo de hechiceros se adentró en las profundidades del Volcán de San Juan, buscando el favor de los dioses del fuego. No eran hombres comunes; sus ojos brillaban con la oscuridad de quien ha visto más allá del velo de lo mortal. Liderados por el enigmático Ancor el Rojo, invocaron a las entidades que moran en el magma, ofreciendo algo a cambio de su poder.

La noche en que se selló el pacto, el cielo se tiñó de un rojo profundo, y la tierra tembló como si despertara de un sueño milenario. Las crónicas hablan de un rugido que surgió desde las entrañas de la tierra, seguido de una voz que resonó en la mente de todos los presentes: "Tomad el fuego, pero recordad: lo que dais, nunca será devuelto". Los brujos emergieron transformados, con manos que ardían sin consumirse y miradas que podían prender llamas en la madera seca.

Durante años, los pueblos de Garafía vivieron bajo la sombra de estos hombres. Las cosechas nunca se perdían, pues los brujos desviaban los ríos de lava lejos de los campos. Pero con el tiempo, el precio del pacto se hizo evidente. Los hijos de los hechiceros nacían con marcas de quemaduras que no sanaban, y las noches se llenaban de susurros en lenguas desconocidas. Peor aún, algunos aseguraban que Ancor el Rojo ya no era humano: su piel se había vuelto piedra negra, y su aliento olía a azufre.

Desenlace

El final de la leyenda es tan abrupto como el estallido de un volcán. Una noche, sin luna ni estrellas, los brujos se reunieron en la Cueva de los Encantados, un lugar maldito donde las paredes sangran rocío salado. Allí, Ancor pronunció palabras que hicieron hervir el aire. La tierra se abrió, y columnas de fuego ascendieron hacia el cielo, arrastrando consigo a los hechiceros. Nunca más se les volvió a ver.

Pero la maldición del pacto no terminó con ellos. Desde entonces, cada vez que el Volcán de San Juan despierta, los pastores juran ver figuras oscuras danzando entre las llamas. Algunos incluso afirman haber oído risas entre el crepitar de la lava, como si los brujos aún gobernaran el fuego desde el otro lado del velo.

Hoy, los habitantes de Garafía evitan pronunciar sus nombres en voz alta. Dejan ofrendas de miel y leche en las grietas de las rocas, un tributo silencioso para apaciguar a los que una vez dominaron la lava. Porque en esta tierra de volcanes y leyendas, algunos pactos nunca se rompen... solo duermen, esperando el momento de cumplirse de nuevo.

Relatos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir

dewabos138

idn poker

slot777

bingoslot88