"Cuando la noche cubre El Tancón, la luz de los muertos despierta… y no todos los que la siguen regresan."
Introducción
En las brumas del tiempo, donde la historia se entrelaza con el misterio, se alza la Montaña de El Tancón, un lugar sagrado para los antiguos guanches y hoy escenario de una leyenda que estremece a quienes la escuchan. Entre los riscos y barrancos de Tenerife, una luz espectral danza en la oscuridad, desafiando toda explicación racional. Se dice que es el fuego fatuo de un alma en pena, condenada a vagar por los siglos. Esta es la historia de La Luz de El Tancón, un relato que hunde sus raíces en la tradición oral canaria y que sigue vivo en el murmullo del viento.
Nudo
"Cuando la noche cubre El Tancón, la luz de los muertos despierta… y no todos los que la siguen regresan."
Cuentan los ancianos que, hace siglos, un joven pastor llamado Achamán se aventuró demasiado cerca de la montaña en una noche sin luna. Atraído por un destello azulado que flotaba entre las rocas, siguió su tenue resplandor, creyendo que era el reflejo de un tesoro escondido. Pero lo que encontró no fue oro, sino el espíritu de una mujer envuelta en llamas frías, cuyo rostro se desvanecía como humo. Era Guayarmina, una princesa guanche que, según la leyenda, había sido maldecida por rechazar el amor de un hechicero.
Desde entonces, en las noches más oscuras, la Luz de El Tancón reaparece, seduciendo a los incautos. Algunos dicen que es el alma de Guayarmina, buscando venganza; otros, que es una señal de los dioses antiguos, advirtiendo de un peligro inminente. Los pocos que han logrado escapar de su influjo relatan voces susurrantes en una lengua olvidada y una oscuridad que parece respirar. Aquellos que desaparecen… nunca son encontrados.
En el siglo XIX, un naturalista extranjero registró en su diario cómo, tras perseguir la luz, despertó al amanecer al borde de un precipicio, con las manos llenas de ceniza fría. "No era fuego", escribió, "sino algo más antiguo, más hambriento".
Desenlace
Hoy, la montaña sigue siendo un lugar de peregrinaje para valientes y curiosos, aunque los lugareños advierten: "El Tancón no perdona a los que perturban su sueño". Científicos atribuyen el fenómeno a gases de descomposición, pero ¿cómo explicar los relatos de figuras espectrales o los ecos de cantos guanches en la noche? La leyenda persiste, alimentada por sombras que se mueven sin viento y por el hecho inquietante de que, cada cierto tiempo, alguien desaparece sin rastro cerca de la montaña.
Quizás Guayarmina aún espera, o quizás la luz es solo el preludio de algo más profundo, una maldición que duerme bajo la tierra volcánica. Lo único cierto es que, cuando el viento baja de El Tancón, hasta los más escépticos se santiguan. Porque en Tenerife, algunas historias no se cuentan… se susurran.

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